Luzitania, una Brasileña en Haiti

21/9/2021
Testimonio de Lusitania sobre su experiencia en Haiti



Dios me envió y conduzió.
Al vivir una experiencia notable, solo se puede comprender el significado de todo lo vivido después de algún tiempo y contemplación en la vida. Cuando aterricé en la capital de Haití, el 27 de febrero de 2019, todavía no tenía idea de lo que me esperaba en ese nuevo destino misionero, tanto en la misión como en la Intercomunidad.Una certeza que llevaba en mi equipaje era el deseo de ser una presencia significativa en la vida religiosa de Brasil, allí junto con esa realidad, específicamente como Carmelita de Vedruna.
Dios se hizo presente y se hizo comunión.
Viví con 6 hermanas de 6 Congregaciones: Franciscana de San José, Fraternidad Esperanza, Franciscana Catequista, Teresina, Carmelita de Divida Providencia y Josefina. Caminamos de la mano desde nuestra identidad carismática de consagradas, llamadas. Comprometidos y haciendo lo que pudimos para ser una presencia de esperanza, que generó vida a partir de la escucha y las actividades en los grupos. Niños, jóvenes, mujeres que veían el proyecto como un refugio seguro, para hablar del sufrimiento que genera la violencia doméstica o la violencia social (falta de comida, vivienda, dignidad).
Dios se reveló cada día y en cada momento.
Escuchándolos en sus acciones mientras trabajaban. Los adolescentes, sus dificultades para permanecer en la escuela porque era necesario comprar agua para beber, comprar accesorios obligatorios para el uniforme, poder comprar lo que faltaba en la lista de la escuela, pagar hojas de exámenes, pagar para tomar las fotos requeridas de una serie. Las mujeres con dos preocupaciones principales, garantizar una comida diaria para sus hijos y pagar sus tasas escolares. Solo viviendo entre ellos, teniendo contacto con su realidad, vi cuánta miseria estaban “condenados” a vivir. Un país de la periferia de América no tenía perspectivas de futuro para esos jóvenes y mujeres, ni condiciones más dignas para la mayoría de una población que vivía en las mismas condiciones sociales que ellos. Pero la fuerza de este pueblo guerrero que supera los desafíos, nos ubica como mujeres consagradas a Jesús Maestro y Sanador. Colocarnos en la elección que hicimos al decidir entrar en la Vida Religiosa Vedruna y en el sí que renovamos cada día. Nos coloca en nuestro lugar de acción, en la urgente necesidad de responder creativamente en la misión contemplando a Jesús Anonadado.
Maria Luzitania de Souza
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies